jueves, 14 de abril de 2016

estar vivos es una victoria.

Hay noches en las que dormir se convierte en algo imposible,
sabes que si te atreves a cerrar los ojos, miles de demonios cobrarán vida en tu cabeza y te torturarán con palabras que ya conoces muy bien, palabras que llevas desafiando desde que dichos demonios hicieron de tu mente su casa.
No es fácil echarlos, a veces parece que ya no están, pero luego vuelven y siempre vuelven más fuertes de lo que eran antes. Intentas hacerles desaparecer, lo intentas todo, pero nada funciona, y te empiezas a preguntar si no tendrán razón ellos: si no estarás mejor muerto.
Pero hay días en los que ellos no están, días en los que te sientes vivo, ¿verdad?
Hay días en los que deseas que el sol nunca se ponga, pero no por miedo a los monstruos que viven dentro de ti, sino porque disfrutas de tu vida. Ya sea con amigos, o tú solo, haciendo cualquier cosa que te haga feliz y te llene por dentro, conoces esa sensación de estar lleno de vida.
Hay noches en las que estás vacío, no tienes nada dentro, y esa sensación se ha convertido en una memoria lejana que lejos de hacerte feliz, te arrastra más y más al borde del abismo.
Pero no eres tú el que está en control de esas noches, te miras al espejo y ves a alguien que es el reflejo de un ser humano que no reconoces. Tú no eres eso, tú no eres ojos rojos y lágrimas que duelen, no eres el temblor de tus manos, no eres ese segundo de duda cuando sales al balcón, no eres el sentimiento de culpa, no eres un alma perdida esperando el final.
No eres nada de eso. Eres tú, derrotado ante el espejo, sí, pero eres tú y estás vivo. Tus ojos volverán a brillar con el fuego que llevas dentro, volverás a reír, volverás a sentir la vida correr por tus venas. Puedes darle un puñetazo al cristal y destrozar tu reflejo, puedes salir a la calle y gritar que sigues aquí. Quizás la mayoría no entienda qué quieres decir, pero te prometo que yo sí lo haré, y gritaré contigo porque somos más fuertes que ellos, porque somos guerreros en una lucha que nadie más ve, porque luchamos día a día contra nuestra propia mente.
No es más que una batalla contra nosotros mismos, a vida o muerte, y todos sabemos cuál tenemos que elegir. Así que, no hagas caso a tu reflejo, elige seguir luchando para poder vivir de nuevo, y sobre todo, estad orgullosos de vosotros mismo por seguir vivos.
Cada noche que conseguimos dormir y callar a nuestros demonios es una noche en la que hemos ganado, no te rindas ahora que has pasado tantos años luchando en esta guerra, cuando queda tan poco para ganarla.

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