Ayer alguien me preguntó por ti, fue una de esas personas que tú conocías, esa gente que me miraba sólo porque iba a tu lado, y no supe qué decir ya que ellos no sabían que tú...
Nunca supe qué contestar cuando me preguntaban por ti, y eso todavía no ha cambiado. Han salido nubes negras en este cielo de abril y espero que ellas me hagan olvidarme de todo. Noto la lluvia sobre mí pero siempre llueve más dentro de mi alma, quizás por eso no me molesta andar bajo el agua. Dejaste un vacío que ni siquiera la humedad puede ocupar, y siento cómo se escapa mi vida en cada paso que doy sin rumbo por una ciudad que me susurra tu nombre en cada esquina. A veces el viento me dice que sigues aquí, me acaricia la espalda en tu ausencia, me provoca escalofríos, y me revuelve el pelo como tus manos solían hacerlo. No es fácil seguir así, pero supongo que no queda otra ahora que no estás, ahora que sé que nunca vas a regresar. Los días pasan y sigo mirando el reloj esperando que vuelvas, sigo mirando por la ventana con la esperanza de ver tu cara reflejada en el cristal, sigo esperando que vuelvas a por mí, preguntándome por qué te fuiste y me dejaste aquí. Pero lo único que hay en mi ventana son gotas de lluvia, y lo único que volverá a por mí será la tristeza si no dejo de pensar en ti.
Siempre me pareció bonito ver el atardecer, pero ahora sólo me recuerda a esas tardes en las que paseábamos juntos dejando que la noche, poco a poco, se apoderase de nosotros. Y hasta el más bonito de los amaneceres está vacío si tú no ocupas el espacio al otro lado de mi cama para verlo conmigo. Las cosas que antes me llenaban de vida no hacen sino retrasarme en mi búsqueda por darle un fin, y es que no queda nada, nada, que me haga tener fe en mí, no hay nadie capaz de sacarme de aquí y sé que tengo que ser yo, pero tú ya no existes... y yo no existo sin ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario