Por supuesto, la gente cambia. Muchas veces lo hacen porque sí. Constante evolución, lo llaman.
Otras veces es la sociedad lo que nos obliga a cambiar, lo que poco a poco nos convierte en aquello que odiábamos. Nos dejamos llevar, creemos que estaremos mejor si pasamos desapercibidos, si nos apegamos a aquello que conocemos y nos hace sentir seguros.
No es así.
Cuando te das cuenta de que tú tienes el poder sobre ti mismo - y creedme, si todavía no podéis verlo algún día lo haréis - todo es diferente. De repente, abres los ojos hacia el mundo que desconoces. A veces da miedo, pero eso no es de extrañar ya que todos hemos sido educados para tenerle miedo a lo desconocido, pero si elegimos enfrentarnos a nuestros temores nos daremos cuenta de que merece la pena. Merece la pena arriesgarse, merece la pena no pasar desapercibido si ser nosotros mismos nos cuesta unas cuantas miradas y palabras de gente que, realmente, no importa. Nos damos cuenta de que apegarnos a lo que conocemos, cuando no nos hace felices, es un error por muy seguros que nos hagan sentir.
La gente cambia, y es algo bueno. No cambiar es lo realmente tóxico, apegarse a lo seguro, creer que somos felices en nuestra pequeña burbuja... no es real. No estamos milagrosamente desconectados del sistema, no somos seres que existen en soledad, el mundo cambia y nosotros lo hacemos con él. Nuevas experiencias, nuevas personas, nuevos conocimientos. Todo esto moldea nuestras mentes y nuestra personalidad, nos hace ser diferentes, nos hace cambiar. Como seres humanos, debemos aceptar el cambio, debemos abrir nuestras mentes, debemos seguir adelante y darnos cuenta de que siempre será mejor continuar y mirar hacia delante, por mucho miedo que dé, que quedarse a mitad de camino y mirar hacia atrás cada vez que nos sintamos asustados. Debemos aceptar el cambio en nosotros mismos y aceptarlo en los demás.
Si alguien te dice que has cambiado, dale las gracias. Significa que estás abierto al mundo en el que vives, significa que sigues adelante, significa que lo estás haciendo bien. La vida, como todo, no es más que un juego, y gana el que juega mejor.